En el artículo anterior, vimos cómo los faraones egipcios ya tenían masajistas hace 4.500 años y cómo en el Papiro de Kahun del año 1800 a.C. un médico egipcio prescribía masajes de piernas a una mujer con dolor después de caminar.
Pero la historia del masaje no se quedó en el Nilo.
Los griegos la tomaron prestada, la convirtieron en ciencia y la llevaron a los estadios olímpicos. Y los romanos la llevaron a los palacios imperiales.
El hombre que lo cambió todo: Heródico de Selymbria
Antes de Hipócrates, hubo otro médico griego del siglo V a.C. cuyo nombre casi nadie conoce pero cuyo legado lo cambió todo: Heródico de Selymbria.
Considerado el padre de la medicina deportiva, Heródico fue probablemente uno de los maestros de Hipócrates. Y fue el primero en desarrollar un sistema estructurado de masaje terapéutico con instrucciones técnicas precisas que se recogen en los textos de la medicina griega antigua.
Sus indicaciones eran sorprendentemente modernas: el masaje debía comenzar de forma lenta y suave, aumentar progresivamente en velocidad y presión, y terminar de nuevo con fricción suave. No era frotar sin más. Era una técnica con un protocolo definido, pensada para preparar el cuerpo antes del esfuerzo y recuperarlo después.
Heródico también fue el primero en recomendar el uso de aceites infusionados con hierbas durante el masaje — una práctica que los griegos heredaron directamente de los egipcios y que cuatro siglos más tarde llegaría a los spas romanos, y que hoy sigue siendo estándar en cualquier sesión de masaje relajante con aceites esenciales.
Hipócrates y la frase que definió siglos de medicina
Cuando Hipócrates — el padre de la medicina occidental — escribió que "el médico debe ser experto en muchas cosas, y particularmente en la fricción", no estaba haciendo una sugerencia. Era una prescripción profesional.
En el Corpus Hipocrático, la colección de sesenta tratados médicos atribuidos a Hipócrates y sus discípulos, el masaje aparece bajo el nombre de anatripsis — que en griego significa "friccionar hacia arriba". Hipócrates había observado que frotar las extremidades desde los pies hacia el corazón mejoraba la circulación. Era una técnica específica, con dirección definida, basada en observación clínica. No era superstición. Era ciencia para su época.
Hipócrates prescribía el masaje junto con dieta, ejercicio, aire fresco y música para restaurar el equilibrio del cuerpo — un enfoque holístico que cualquier médico moderno reconocería como sentido común. La diferencia es que él lo escribió en el año 400 a.C.
Los Juegos Olímpicos y el masaje como protocolo oficial
Los primeros Juegos Olímpicos documentados se celebraron en el año 776 a.C. en Olimpia. Y desde entonces, el masaje formó parte del protocolo oficial de preparación atlética.
Antes de cada competición, los atletas griegos recibían masajes con aceite de oliva a manos de sirvientes especializados llamados aliptas — literalmente, "los que aplican el ungüento". El aceite de oliva era el producto estrella de la medicina griega: proporcionaba flexibilidad muscular, reducía el riesgo de lesiones y actuaba como lubricante protector de la piel en los combates de lucha libre y pancracio.
Después de cada competición, venía el masaje de recuperación: pases firmes sobre la musculatura fatigada para drenar el esfuerzo acumulado y reducir la rigidez. Los griegos no tenían la palabra "ácido láctico" pero sí sabían perfectamente que el masaje post-esfuerzo aceleraba la recuperación.
Los gimnasios — los grandes centros de entrenamiento griegos — tenían salas de masaje anexas. El masaje era tan parte del entrenamiento olímpico como la carrera o el lanzamiento de disco. No era un lujo. Era equipamiento.
Roma: del estadio al palacio imperial
Cuando Roma conquistó Grecia en el siglo II a.C., no solo se quedó con sus territorios. Se quedó también con sus médicos, su filosofía y sus prácticas médicas.
Los griegos eran considerados muy superiores a los médicos romanos de la época. Y los médicos griegos más destacados emigraron a Roma, donde encontraron clientes de altísimo nivel.
El primero en introducir el masaje terapéutico de forma documentada en Roma fue Asclepíades de Bitinia en el siglo I a.C. — médico de origen griego que convenció a la aristocracia romana de que el masaje, junto con el ejercicio y el descanso, era la base de la medicina racional. En un mundo donde los médicos anteriores usaban amuletos y conjuros, su enfoque fue revolucionario.
Pero el más importante llegó dos siglos después: Galeno de Pérgamo.
Galeno: el masajista de cuatro emperadores
Galeno nació en Pérgamo (actual Turquía) en el año 129 d.C. y llegó a Roma en el 162. Médico, anatomista, filósofo y escritor prolífico, fue el científico más importante del mundo romano y su influencia sobre la medicina occidental duró más de mil años después de su muerte.
Y también fue el médico personal de cuatro emperadores romanos: Marco Aurelio, Lucio Vero, Cómodo y Septimio Severo. Y para todos ellos, el masaje era parte de su protocolo médico habitual.
Galeno siguió y amplió las enseñanzas de Hipócrates sobre el masaje. Para él, era una herramienta médica fundamental que podía preparar el cuerpo para el ejercicio, acelerar la recuperación tras el esfuerzo, aliviar el dolor y equilibrar los cuatro humores corporales que, según la medicina de la época, determinaban la salud.
Sus textos sobre masaje, escritos hace casi dos mil años, incluyen indicaciones sobre la presión, la velocidad, la dirección y los aceites que siguen siendo reconocibles hoy.
Lo que los griegos y romanos sabían — y nosotros hemos redescubierto
Hay algo que llama la atención cuando estudias la historia del masaje en Grecia y Roma: no era una práctica marginal ni un lujo de élite. Era medicina de primera línea, prescrita por los médicos más importantes de su época, usada por los atletas más preparados del mundo antiguo y aplicada en los cuerpos de los hombres más poderosos del Imperio Romano.
Durante siglos la medicina occidental lo relegó a un segundo plano. Pero la investigación científica moderna ha llegado exactamente a las mismas conclusiones que Hipócrates, Heródico y Galeno: que el masaje mejora la circulación, acelera la recuperación muscular, activa el sistema nervioso parasimpático y reduce los marcadores de estrés en sangre.
Cuatro mil años de práctica documentada en todas las culturas del mundo no se equivocan.
En Aura Plena continúo esa tradición en Madrid. Trece años escuchando cuerpos con las manos. Una sola cabina, en la calle San Emilio 10, barrio de Ventas. Cuando llegas, el espacio es tuyo.
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