¿Por qué los faraones egipcios ya tenían masajistas hace 4.500 años?

¿Por qué los faraones egipcios ya tenían masajistas hace 4.500 años?

Si pudieras viajar en el tiempo al año 2330 a.C. y entrar en una tumba de la necrópolis de Saqqara, no encontrarías escenas de guerra ni de pirámides en construcción.

Encontrarías a dos hombres tumbados recibiendo tratamiento en los pies y las manos.

Y grabada en piedra, para los próximos cuatro mil años, una conversación entre paciente y terapeuta que sigue siendo válida hoy:

"No me hagas daño."

"Lo haré de manera que me alabes."

Esa tumba existe. Se llama la Tumba de Ankhmahor — también conocida como la Tumba del Médico — y data de hace 4.330 años. Es la prueba más antigua que tenemos de que el masaje no es una moda moderna — como ya vimos en la historia de Sugiyama Waichi y el Japón del siglo XVII.  


Para los egipcios, el masaje era medicina de estado

Los antiguos egipcios tenían una forma muy concreta de entender el cuerpo: lo veían como un sistema de canales por donde fluían todos los fluidos vitales. Sangre, aire, energía. Cuando esos canales se obstruían, la persona enfermaba. Cuando el flujo se restauraba, la persona sanaba.

El masaje, en ese contexto, no era un lujo. Era una intervención médica directa. Tan médica que quedó documentada en el Papiro de Ebers, uno de los textos médicos más importantes de la Antigüedad — un rollo de 20 metros escrito hacia el año 1550 a.C. y conservado hoy en la Biblioteca de la Universidad de Leipzig.

En ese papiro aparecen prescripciones de "frotamiento" del cuerpo con aceites de mirra, cedro e incienso para tratar dolores, rigidez y enfermedades de las extremidades. Aceites esenciales aplicados con las manos sobre el cuerpo. Hace tres mil quinientos años.

El Papiro de Kahun — otro documento médico egipcio datado hacia el 1800 a.C. — va incluso más al detalle. Describe el caso de una mujer con dolor en las piernas y las pantorrillas después de caminar, y prescribe literalmente: "debes tratarla con un masaje de sus piernas y sus pantorrillas con barro hasta que se recupere."

Cuatro mil años después, alguien que pasa el día caminando Madrid de museo en museo llega con exactamente ese mismo problema. Y la solución que un médico egipcio prescribía en el año 1800 a.C. sigue siendo válida.


Lo que sabían y hemos olvidado

Lo más fascinante de la medicina egipcia no es lo que prescribían. Es cuándo lo prescribían.

Los faraones y los altos funcionarios no esperaban a estar "rotos" para recurrir al masaje. Las evidencias arqueológicas — incluyendo las representaciones en el templo del faraón Niuserre y las escenas de los soldados de Ramsés II recibiendo masajes tras las marchas militares — muestran que el masaje era una práctica de mantenimiento, no de emergencia.

Lo que hoy llamamos prevención, ellos lo llamaban mantener la Maat: el orden y el equilibrio interno que permitía al cuerpo y a la mente funcionar con claridad.

Un gobernante tenso, con el sistema nervioso alterado, con dolor crónico en el cuerpo, no podía tomar decisiones sabias. El masaje era la herramienta para mantener ese equilibrio. No era un capricho de palacio. Era higiene de estado.


Los aceites que usaban — y que seguimos usando

Una de las cosas más sorprendentes al estudiar el masaje egipcio es comprobar cuánto de lo que hacían sigue siendo estándar hoy, cuatro mil años después.

Los médicos egipcios aplicaban aceites infusionados con plantas aromáticas directamente sobre la piel durante el masaje. Mirra, cedro, enebro, incienso. Algunos mezclados con miel para crear ungüentos de consistencia específica.

La aromaterapia que hoy acompaña a un masaje relajante — los aceites esenciales de lavanda, eucalipto, naranja — tiene su origen directo en esas fórmulas. Los nombres han cambiado. La idea de que el olfato y el tacto trabajan juntos para crear un estado de calma lleva cuatro mil años siendo verdad.


De Saqqara a la calle San Emilio

Hay algo profundamente tranquilizador en saber que lo que parece un lujo moderno tiene cuatro mil quinientos años de historia documentada.

Que generaciones enteras de seres humanos, en civilizaciones separadas por milenios y continentes, llegaron a la misma conclusión: que las manos sobre el cuerpo son una herramienta de cuidado que funciona.

No porque lo diga una revista. Porque cuatro mil quinientos años de práctica documentada en todas las culturas del mundo no se equivocan.

En Aura Plena continúo esa tradición en Madrid. Trece años escuchando cuerpos con las manos. Una sola cabina, en la calle San Emilio 10, barrio de Ventas. Cuando llegas, el espacio es tuyo.

¿Sientes que tu cuerpo lleva tiempo esperando que alguien le preste atención? Reserva tu sesión aquí.

Y si quieres llevarte un pedacito de esa calma a casa, en mi tienda online encontrarás minerales, piedras naturales y saquitos térmicos seleccionados con la misma intención que pongo en cada masaje.


En el próximo artículo

Los egipcios crearon la tradición. Los griegos la convirtieron en ciencia. Hipócrates — el padre de la medicina occidental — escribió que "el médico debe ser experto en muchas cosas, y particularmente en la fricción". Sus discípulos masajeaban a los atletas antes de los Juegos Olímpicos. Y Galeno, el médico más importante del Imperio Romano, lo prescribía a cuatro emperadores.

La próxima vez: cómo el masaje pasó del Nilo a los estadios de Olimpia y los palacios de Roma.

Suscríbete al blog para no perdértelo.


 

0 comentarios

Dejar un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.